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44. Conociendo al dolor

  • Foto del escritor: Juan Manuel Pallarés
    Juan Manuel Pallarés
  • 27 mar 2022
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 24 jul 2022

Aunque la entrada de esta semana se haya hecho algo más de rogar porque este finde he tenido 8 horas de clase tanto el viernes como el sábado, os prometo que la espera habrá merecido la pena una vez hayáis termiando de leer esta de un tema tan complejo como el dolor.


Vamos a empezar "dejando los puntos sobre las íes" DOLOR NO ES IGUAL A DAÑO. Salvo en los casos por traumatismo (golpes, caídas...) el que haya un dolor en un cierto punto no significa que esa estructura esté dañada, y menos cuando no nos ha molestado nunca. Muchas veces creemos que, porque nos dueles la espalda una vez a la semana, tenemos una hernia discal, o que si nos duele la rodilla tenemos los meniscos mal, y así con todas las partes del cuerpo que se os ocurran. Esta forma de ver o analizar el dolor se conoce como modelo biomédico, en el que sólo se tiene en cuenta el tejido supuestamente dañado.


Sin embargo, la realidad es bien distinta, el dolor tenemos que entenderlo desde el modelo biopsicosocial que, además de valorar el tejido que puede estar dañado y que irradia dolor, tiene en cuenta el contexto que rodea a la persona en cuanto a la gestión de las emociones, relaciones sociales, hábitos de sueño, actividades diarias, formación, puesto de trabajo que desarolla, creencias de la persona respecto al dolor, movimiento, ejercicio... y un sinfín más de factores que hacen que este tema del dolor sea algo muy complejo de analizar.


El dolor es como una señal de alarma que salta para avisarnos de que hay algún problema en esa zona que nos duele, aunque muchas veces ese problema más que estar presente en ese punto del cuerpo puede que sean otras causas la que irradian dolor en esa zona.


Para intentar entenderlo y conocerlo de una forma mejor, tenemos que ver nuestro organismo como un vaso de agua, y los factores que repercuten en la existencia de dolor será el propio agua que, si rebosa, hará que salte la alarma del dolor. Imaginemos algo que nos ha pasado a todos andandos descalzos por la noche en verano: nos hemos dado un golpe con un mueble en el dedo meñique del pie. En este caso el vaso se habrá llenado entero a causa del golpe y habrá rebosado haciendo que nuestra alarma del dolor haya actuado.


Ahora supongamos un sengundo caso en el que me voy a poner de ejemplo. En el verano de 2019 tuve mi primer trabajo como camarero de barra en un restaurante y recuerdo que hubo aproximadamente una semana en el que me dolían en concreto una o dos vértebras de la espalda baja con un dolor muy punzante y agudo, pasado ese tiempo apenas me ha vuelto a doler inlcluso a día de hoy. ¿Raro verdad? Pues no lo es, el que yo nunca haya tenido trabajo me hacía estar más estresado de la cuenta y eso, sumado a la cantidad de horas que pasaba al día de pie hicieron rebosar el vaso de agua e hizo que se me concentrara el dolor en ese punto del cuerpo. Conforme fui estando menos estresado y mi cuerpo se adaptó a pasar muchas horas de pie, ese dolor se fue para no volver. El cuerpo adaptándose, capítulo 848394893.


Os voy a poner un tercer ejemplo que me puso uno de los fisioterapeutas en uno de los cursos que hice para aprender del dolor. Por lo visto, el tuvo una hernia discal a los 22 años que no le había vuelto a doler hasta los 25 años, que se le estropeó la lavadora y le produjo tal estrés que le volvió a doler la espalda. Una vez solventó el problema del electrodoméstico, no le volvió a dolor la espalda. En este caso, el organismo que se acuerda de que ahí hubo un problema, sumado al estrés que le produjo ese evento puntual, hicieron rebosar el vaso de agua y remitir dolor en esa zona.


Por todo lo expuesto anteriormente decir que tienes algo lesionado porque te duele es un problema, y si te lo dice algún sanitario o profesional del deporte te está mintiendo y creándote un miedo inneceseario que puede limitarte mucho a la hora de pensar en lo que eres capaz y lo que no. Por eso debemos verlo como un vaso que va tolerando factores hasta que rebosa y le duele. Dicho vaso se puede rellenar a causa de muchos factores como antes hemos mencionado: estrés, mala noche de sueño, discusión con alguien a quien apreciamos, hemos entrenado demasiado duro, ansiedad, creencias y miedo que tenemos respecto al dolor... por eso hemos de ser cautos/as a la hora de pensar que estamos lesionado, porque nos podemos estar precipitando y limitándonos mental y físicamente.


Tras la chapa quiero que sapáis que al leer esta entrada ya habéis dado un paso para agrandar vuestro vaso y que no padezcaís dolor tan fácilmente y es que la educación en dolor y ver cómo funciona en nuestro organismo hace que lo conozcamos y no le tengamos miedo porque sabemos de qué palo viene. Otros métodos para ser capaces de tolorar más dolor sería entrenar correctamente, mantener una buena alimentación y hábitos de sueño, controlar correctamente nustras relaciones sociales y emociones... siempre acabo dando los mismos consejos porque haciendo esto las cosas suelen ir sobre ruedas.




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